| El nombre de Argentina es "plata" y los plateros son los artífices cuya materia es el elemento argentino. La palabra "Argentina" señala un horizonte de plata y mientras su territorio fue el derrotero mítico hacia él, los plateros son el sentido de su nombre. La tradición convirtió a los objetos de su creación en sentimental legado de padres a hijos, como también, en el obsequio mas atesorado por visitantes ilustres y todo espíritu sensible. Los objetos de plata representan el alma, la tradición y el nombre de la Argentina, son la insignia de una identidad. La platería fue parte de su pasado colonial, de su historia independiente y es parte de su presente. Participó de los más importantes acontecimientos de la vida social y cultural, cubrió las necesidades de la vida doméstica, acompaño al criollo en sus tareas rurales y enriqueció toda ceremonia religiosa. Desde las raíces mismas de la Nación Argentina, desde su nombre, la plata configuró un elemento fundamental. Esta "platería" inflamaba la imaginación de los navegantes exploradores, como Gaboto o García, que abandonaban sus rutas oceánicas y remontaban ríos buscando esa "Sierra de la plata", que los relatos del indio colocaban, casi obsesivamente Paraná arriba. Y si bien existieron yacimientos argentíferos en las intendencias de Córdoba y Salta del Tucumán, jamas se encontró en la Argentina cantidades excepcionales del mineral, como si en cambio sucedió con el fabuloso cerro de Potosí. Por lo tanto, ni la existencia de ricas minas ni de pueblos indígenas culturalmente evolucionados que practicaran la metalurgia y la orfebrería al modo de los peruanos y colombianos, justifican los nombres del río y del país. La consagración definitiva del nombre Río de la Plata corresponde a la expedición de Pedro de Mendoza (1536), siendo muy posterior el de Argentina, que se origina en el título del poema del arcediano Martín del Barco Centenera, "Argentina y conquista del Río de la Plata, con otros acaecimientos de los Reinos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil", publicado en el año 1602. Sin embargo este nombre no ha sido en vano, si bien no tuvo su correlato con la presencia de ricas minas argentíferas, la historia brindo sentido a su nombre por medio de una riqueza cultural, la de los plateros y sus obras. Hoy, con la pluma refinada de sus cinceles, los plateros lejos de contar la historia la siguen escribiendo; con un estilo en constante recreación y con identidad propia. |